La pobreza de ideas y proyectos es lo que en general caracteriza a los aspirantes a cargos de elección popular en Tlalpan.

Planeta Tlalpan 75 / Enero 2015

Por Marco Gil

 

Da pena ajena ver cómo quienes pretenden ser diputados, asambleístas y delegados, de todos los partidos,  se preocupan más por incrementar su popularidad que por mejorar sus comunidades con acciones de fondo.

 

Los escasos candidatos independientes la tienen cuesta arriba mientras los partidos todos, viejos y nuevos, están sumidos en una dinámica mediocre y permisiva aunque algunos se esmeren en decir lo contrario.

 

Los institutos políticos carecen de objetividad, parecen no darse cuenta de sus errores y continúan con sus malas prácticas, entre ellas el hacer caso omiso de las demandas ciudadanas y permitir la permanencia de seres impresentables en sus filas, tanto para acrecentar su poder, como para mantener sus prerrogativas.

 

El sistema político, el que conocemos, esta acabado, hay que cambiarlo, no tiene remedio. Desgraciadamente  los ciudadanos, los únicos que pueden cambiar las cosas, se dividen en dos grandes grupos: los que pueden ser cooptados fácilmente a punta de promesas y regalos, y los que no pueden ser cooptados fácilmente ya que cuentan con ingresos que les permiten vivir razonablemente, pero que dicen no tener tiempo o ganas. Somos una ciudadanía apática y comodina nos quejamos pero no hacemos nada.

 

Hablando de Tlalpan, para colmo y en mucho debido a nuestra permisividad y la del poder en su conjunto, por increíble que parezca, pese a la mala administración y las reiteradas acusaciones de incompetencia y corrupción, la delegada con licencia de Tlalpan Maricela Contreras Julián hace todo lo que puede para seguir manteniendo su poder en Tlalpan.

 

Maricela Contreras negocia con su propia corriente, y quien sabe con quienes mas, pues la muy condenada quiere dejar la delegación controlada por su familia y allegados de máxima confianza en tanto encuentra como seguir viviendo del erario. Eso habla de su ambición desmedida y quizá de su miedo a quedar expuesta al juicio público y legal, pero también refleja y exhibe falta de control y vacíos de poder. ¿Por qué será?

 

La falta de autocrítica y la desvergüenza de la jefa delegacional con licencia hacen que pretenda la ruta plurinominal para si misma. Lo peor es que su corriente (IDN/Bejarano) y los dirigentes máximos del perredismo (Navarrete, Zambrano, Padierna y Ortega, entre otros) no han hecho, no hacen y parece que no harán nada al respecto. Debe ser que para ellos estas cosas son comunes y normales. Aunque a los ciudadanos comunes nos parezcan una aberración.

 

Sirvan tres tristes ejemplos como testimonio de sus acciones:

 

León Téllez, su marido, se registró, sin méritos ni posibilidades, para intentar ser diputado por el distrito 40, el de los pueblos, en tanto Alberto Vanegas y Miriam Hernández, dos jóvenes que han crecido bajo su manto protector, también sin méritos ni posibilidades, se han registrado para contender por la jefatura delegacional de la demarcación o ya “de perdida” para lograr candidatearse a una diputación.

 

Parece que el PRD no se ha dado cuenta que pueden perder la delegación si continúan jugando a la falsa democracia, el asunto es fácil de entender; la ciudadanía está molesta y desilusionada con sus acciones y seguramente habrá voto de castigo.

 

En opinión de muchos perredistas entrevistados a lo largo de éstos días, lo único que podría salvarlos es que su candidato sea la figura más popular de Tlalpan, no es un tema de gustos, preferencias o medición de fuerzas internas, es un asunto de números fríos dicen los que saben.

 

Sostienen que aún con el candidato más popular la elección no será fácil. Sorprende entonces que aún así sigan con rencillas internas y juegos de poder mal disfrazados, quizá confiados en que los otros partidos están igual o peor, y a lo mejor tienen razón, pero aún así, la división interna y la falta de objetividad en la selección de sus candidatos pueden hacer que Morena acabe por ganar las elecciones en Tlalpan.

 

En honor a la verdad, no sabemos si eso sea bueno para los ciudadanos, pero de lo que no queda duda es que será malo para el PRD, a menos, claro está, que, como dicen algunos, ya esté todo arreglado porque van a entregar la plaza y todo esto sea una representación teatral. Vaya usted a saber.

 

En cualquier caso sólo algo resulta diáfano, transparente y fácil de entender:

 

Para ellos, los dueños de la política, aquellos quienes deciden quien va y quien no, los ciudadanos no contamos más que para ir a votar. En fin, allá ellos y su mala cabeza.

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