La Jornada / Miguel Velázquez. P 32

Ciudad Perdida

Tal vez como nunca antes el gobierno de Miguel Ángel Mancera se vio sometido a todo tipo de presiones que lo apremiaban a golpear para golpearse, convertirse en títere de los grupos de poder y perecer, políticamente hablando, aplastado por una forma de gobierno -el neoliberalismo- que va de salida en todas partes del mundo.

Todos los gobiernos de izquierda en el Distrito Federal han sido asediados por los ejércitos políticos de la derecha, cada uno en su momento. Cada uno sufrió las embestidas, que siempre han tenido a las televisoras como eje de ataque. Cuauhtémoc Cárdenas, el primero de los gobernantes de izquierda en la ciudad de México, fue atacado por el crimen en contra de un cómico de la televisión; entonces se pidió su renuncia sin razones, pero con un alud de insultos.

Después fue Andrés Manuel López Obrador, que terminó sufriendo el desafuero por la Cámara de Diputados, a petición del locuaz Vicente Fox. La respuesta de los habitantes del país, y principalmente del Distrito Federal, llenó el Zócalo y las calles aledañas en repudio a la demanda del panista, que sintió, en aquellos momentos, que la popularidad con la que había llegado a Los Pinos se había esfumado.

Y no sólo eso. Empujados por una ola de delitos que sirvieron de pretexto a algunas de esas organizaciones que se hacen llamar de ciudadanos, se convocó a una gran marcha en la que se pedía la renuncia del jefe de Gobierno. Fue tan manipulada la protesta que no logró los efectos que se buscaban y López Obrador siguió gobernando, y con medidas efectivas y programas sociales logró contener, y desaparecer, a buena parte del crimen, que entonces parecía extenderse en la capital.

En el caso de Marcelo Ebrard, aunque las presiones no fueron tan violentas como las que se levantaron en contra de sus antecesores, su gobierno se vio constantemente criticado por su cercanía a López Obrador, y no es que lo quisieran independiente del tabasqueño, sino, más bien, subordinado a ellos. A fin de cuentas, lo que no se soporta es la idea de que alguien que sea o se haga llamar de izquierda gobierne el centro político de México.

Hoy se repite el acoso, sólo que ahora viene de varios frentes. Por un lado están los maestros, que se niegan a abandonar el Zócalo en protesta por las leyes que en su contra han levantado los legisladores federales, y exigen a Mancera que no los desaloje, lo que sirve para que desde otros puntos se le pida exactamente lo contrario.

Por si eso fuera poco, desde lo más alto del poder se le ha pedido que saque a la fuerza pública para reprimir las protestas de los maestros, y su decisión de no mancharse las manos de sangre le ha provocado todas las críticas que se puedan disparar desde los fusiles del ejército de la derecha, y la venganza, que aún no hemos visto, pero que no se descarta.

Tal vez la prueba de fuego para Mancera se dio el domingo pasado. Fueron horas y horas, todo el día, según nos cuentan, que los funcionarios del gobierno de la capital del país, encabezados por el secretario de Gobierno, Héctor Serrano, pasaron con las representaciones de los maestros para llegar a acuerdos que sirvieran para no desquiciar el centro del DF.

Desde luego que sirvieron las pláticas. A fin de cuentas, sin lastimar a los maestros, sin reprimir pero con muchos esfuerzos para el diálogo, Mancera logró que el domingo, que se anunciaba caos total, sólo se reflejara en el cierre de algunas calles para dar paso a la protesta de los miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Fue, hasta el momento, una buena lección de política la que impartió el gobierno de Miguel Ángel Mancera; ojalá siga así.

** De pasadita

En la elección vecinal que se efectuó el domingo pasado, que en mucho tiene que ver con los dominios que desde ahora se miden con miras a la elección de 2015, hubo de todo. Desde luego, como es costumbre, las despensas se dieron por montones, el dinero por el voto no sufrió mayores cambios, pero hizo su aparición el rey tinaco. Ahora se intercambiaron votos por tinacos hasta de 500 litros. Fue una elección muy cochina, con la intervención perversa de los delegados. Ya veremos qué hacen las autoridades electorales para impedir que este absurdo no quede impune. Veremos, veremos.

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