La Jornada/ Miguel Ángel Velásquez P. 36 Columna

Ciudad perdida

Las palabras del jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, no dejan duda: en la ciudad de México no operan cárteles del crimen organizado. Si eso es cierto, las declaraciones del mandatario al señalar que nadie puede desestabilizar al Gobierno del Distrito Federal nos lleva a preguntar: si no es el crimen organizado, ¿qué interés buscaría descarrilar la administración que él encabeza?

La respuesta usted ya la tiene. Sí. Si no son los grupos que controlan el narcotráfico, entre otros delitos, se debe tratar de la mafia política, no hay más. Hasta donde sabemos, Miguel Ángel Mancera no es hombre que acostumbre lanzar declaraciones sin sustento, y aunque hemos esperado durante varios días a que se aclare a quién o a quiénes se refirió, también al paso de los días la interrogante empieza a despejarse.

Para nadie es desconocido que la tribu que comanda René Bejarano se apoderó de la delegación Cuauhtémoc desde hace muchos años, y que en esta demarcación, tal vez como en ninguna otra, han proliferado los antros y los lugares clandestinos en los que se vende de todo y a todas horas, con el consentimiento, o sin él, de las autoridades delegacionales, que han encontrado como el mejor pretexto que si clausuran un lugar, siempre hay un juez que ampare al antro para nulificar la acción de la autoridad delegacional.

Sí, eso es verdad, el historial del Heaven nos lo puede probar, pero el asunto es otro. El problema está en que cada uno de esos lugares logró, de la forma que sea, el permiso de la delegación para abrir, y de esa manera podemos ver que cualquier espacio, por reducido que sea, se convierte, de la noche a la mañana, en un sitio donde se expenden bebidas alcohólicas y funcionan casi sin ningún problema.

Quienes saben de todo este asunto advierten que fue por ahí de 2003, en la gestión de Dolores Padierna, cuando las calles de la delegación Cuauhtémoc se empezaron a llenar de antros, y luego, en el gobierno de Virginia Jaramillo -ojo, hoy jefa de asesores del delegado priísta de Cuajimalpa-, se continuó con la expansión de esos lugares, que más tarde, ya con José Luis Muñoz Soria como delegado, se convirtió en un juego de clausuras y reaperturas, que no han dejado de suceder con el actual titular, Alejandro Fernández.

Total, todo indica que el control de los antros en la delegación sí está en manos de la tribu que comanda Bejarano, y nadie puede olvidar tampoco que entre el jefe de Gobierno y René Bejarano hay un pleito muy profundo en el que, por parte del perversor, se vale de todo. Y es que, por ejemplo, la visita de Bejarano al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, ha despertado buena cantidad de especulaciones respecto de los acuerdos que pudieron haberse dado. Conjugan los intereses, nos comentan. Nadie como el PRI y nadie como Bejarano en estos momentos -mañana podrían cambiar- estarían interesados en ladear la barca del gobierno capitalino.

Es más, por lo que respecta a Bejarano, se asegura que en la Procuraduría General de Justicia del DF sí hay líneas de investigación que tratan de saber cuáles podrían ser los nexos del jefe de IDN con los jefes de las pandillas de Tepito y los dueños de los antros de la Zona Rosa.

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