Christian Daza / Planeta Tlalpan

Este cambio forma parte de la tercera fase de la aplicación de la Norma 028-ENER-2010 emitida por la Secretaría de Energía, e implica el ahorro de mil 880 giga watts de energía, lo que representará un ahorro de 2 mil 216 millones de pesos menos en luz.

El foco y/o la bombilla incandescente, inventado por Joseph Wilson Swan en 1879, dominó el sistema de iluminación por más de 100 años, luego que Thomas Alva Edison patentara el producto en 1881 y comenzara su producción en masa.

 

La aparición del LED

Casi 30 años después de la invención del foco, Henry Joseph Round, un trabajador de la compañía Marconi, en 1907 aplicó voltaje a dos semiconductores de silicio creando con ello un primitivo diodo emisor de luz (LED) que logró emitir luz.

La idea fue mejorada en 1927 por Oleg Vladimírovich, y retomada y perfeccionada 35 años después, en 1962, por Nick Holonyak, que trabajaba como asesor de un laboratorio de General Electric, en Nueva York.

En la pasada década de los años setenta comenzaron a producir industrialmente, pero no pudieron ser aprovechados como sustitutos de las lámparas incandescentes debido a que sólo existían diodos color verde, rojo y amarillo que emitían una luz poco intensa.

 

Eficiencia a prueba

La iluminación artificial constituye un 20% del gasto total de electricidad en las naciones y, por lo tanto, contribuye sustancialmente a la emisión de carbono a la atmósfera, afirmó Juan Bisquet, de la Universidad Jaume, durante los Premios de Investigación sobre Energías Renovables 2006, en España.

Por el contrario, para iluminar el mismo espacio, la lámpara fluorescente gasta sólo 20 watts; es decir, se utiliza sólo una quinta parte de la energía.

Otra ventaja que ofrece es la durabilidad, pues si un foco ilumina la misma habitación por mil horas, la lámpara fluorescente tiene una vida de ocho mil horas.

Lo anterior tiene un impacto directo en el tema de la contaminación y el cambio climático, ya que para encender un foco incandescente las centrales eléctricas queman carbón, mientras que para obtener mercurio para la luz fluorescente se gasta cuatro veces menos del contaminante.

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