Por Sebastián Peregrina / Planeta Tlalpan 72

 

Al sur de la Ciudad de México se encuentra la sierra Chichinautzin, la cual alberga más de cien conos volcánicos, entre los que resalta el Ajusco. El más joven de esos volcanes es el que fue bautizado como Xitle, cuyas erupciones ocurrieron hace cerca de 1700 años. 

 

Como recuerdo de aquella erupción quedó el cráter y un enorme campo de lava petrificada que popularmente se conoce como Pedregal de San Ángel y que vamos a denominar Pedregal del Xitle.

 

El Pedregal fue un factor determinante para el desarrollo económico de la zona de Tlalpan desde la llegada de los españoles y hasta el siglo XX: gracias a los ricos afluentes resultantes de la filtración de la lluvia podían funcionar las fábricas y obrajes que se asentaron en las márgenes pétreas, además de las canteras basálticas, las cuales dotaron de material de construcción a la Ciudad.

 

Con la expansión urbana, poco a poco el Pedregal del Xitle se convirtió en parte de la capital. Buena parte del área residencial de Tlalpan se ubica precisamente sobre el manto de lava sólida; colonias como Miguel Hidalgo, San Nicolás, Lomas de Padierna, Tepeximilpa, Los Volcanes, Isidro Fabela, etc. fueron erigidas sobre la piedra volcánica.

 

Algo que resalta es el origen común de dichas colonias: fueron el resultado de movimientos populares que exigieron el derecho de tener un espacio para habitar durante la expansión urbana. Debido a que en el manto rocoso no se podía practicar la agricultura, el Pedregal se veía como un espacio “abandonado”, por lo cual fue invadido durante la segunda mitad del siglo XX, sin importar que fuera propiedad comunal, ejidal o privada.

 

Conocer la historia del surgimiento y consolidación de las colonias que se ubican sobre el Pedregal, así como la importancia ecológica y cultural que tiene dicho espacio serán analizados y discutidos en esta serie de publicaciones que tienen como objetivo crear una conciencia colectiva para las comunidades ahí asentadas, así como informar a los vecinos sobre las graves repercusiones que tiene sobre la Ciudad la pérdida de espacios naturales.

1) Así se veía la fábrica de papel de Peña Pobre, en Tlalpan, en 1944. La avenida en primer plano es Insurgentes Sur. Arriba destaca la pirámide de Cuicuilco, y más allá están ahora el periférico, las colonias Isidro Fabela, Pueblo Quieto y Puente de Piedra.  Imagen: ICA/Aerofoto

2) Vista áerea de Xotepingo y sus alrededores en 1940. La toma es hacia el suroeste, en el que se puede apreciar el Pedregal en toda su extensión. La zona arbolada intermedia corresponde al centro de Tlalpan. Al fondo, el Ajusco. Imagen: ICA/Aerofoto

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