Si somos autocríticos, y me parece que nos cuesta trabajo asumir ese papel, los mexicanos tuvimos muy poco qué festejar en el Día Mundial del Medio Ambiente. En el espacio nacional, el panorama es grave: ríos envenenados, lagos que se secaron o están a punto de hacerlo, arrecifes que son destruidos para abrirle paso a la construcción de complejos hoteleros, prácticas mineras a cielo abierto, ecosistemas que se van convirtiendo en islas rodeadas por desierto, manglares que se arrasan, árboles que se talan clandestinamente o bajo la custodia de grupos armados, incendios forestales inducidos y otra serie de calamidades que a su vez provocan serios problemas que se interrelacionan y no aparecen de manera aislada como calentamiento global, extinción de especies vegetales y animales, desintegración social, violencia y pérdida de espacios públicos, por mencionar sólo algunos.

Sí el problema es nacional, tenemos que asumir que dicha categoría se obtiene del resultado de la suma de una serie de fenómenos ambientales de carácter local y en este punto la ciudad de México forma parte de un sumando de consideración. Sus desajustes ambientales la colocan en una situación peligrosa y triste.

El crecimiento desmedido, la nula planificación a mediano plazo de la obra pública y privada, así como la falta de conciencia sobre la seriedad del asunto, son aspectos que nos revelan un panorama ambiental estremecedor.

Pero lo que enciende focos rojos en algunos ciudadanos, para las autoridades capitalinas pasa inadvertido. Para ellas no hay problemas ambientales graves. Su compromiso con las pocas áreas naturales que todavía no destruyen es tangencial, desarticulado, perverso y con acciones de bajo impacto como las siembras de arbustos donde hubo árboles frondosos o la promoción de muestras del queso o de las garnachas en parques públicos usados como recintos feriales. Este desdén por la naturaleza también se aprecia en las declaraciones de una burocracia poco comprometida con la ciudad que gobierna.

En la delegación Tlalpan retiraron un campamento de paracaidistas donde hicieron campaña algunos candidatos perredistas, pero el desalojo fue producto de una lucha de tribus, como se advierte en varias notas de Reporte índigo. En otros diarios se ha dado cuenta de un problema recurrente: el estado de abandono en el que se encuentran las Fuentes Brotantes: no hay vigilancia y no hay recursos para mantener al parque.

Por último, tenemos el lamentable caso de el Bosque de Tlalpan, Área Natural Protegida que tendría que estar regulada por un Consejo Asesor integrado por autoridades y vecinos para “apoyar, evaluar, planear y diseñar en forma coordinada con la Secretaría del Medio Ambiente” las decisiones administrativas para la protección y el correcto uso de dicha reserva, que nuevamente se convirtió en un espacio de usos múltiples en el que la secretaria del Medio Ambiente y la delegada de Tlalpan hacen de las suyas. Lo lamentable es que los vecinos que dieron la lucha por la conformación del Consejo Asesor (cómo olvidar a un ex delegado, destructor también de la demarcación, que quería poner una pista de hielo en el bosque) simplemente no son tomados en consideración, pues no hay voluntad política para que éste opere. Son ciudadanos que quieren un correcto uso del Área Natural Protegida: ¿es esto tan grave?

La Crónica de Hoy / David Gutiérrez, página 2. Jueves, 6 de junio de 2013.

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  1. Por favor reporten la fuga de agua que se encuentra en el parque de Fuentes Brotantes. El lugar exacto donde se localiza es la escalera que va para el estanque. El agua minó un escalón de dicha escalera y por ahí se transfuga. El problema es que esa agua de manantial va directo para el caño. Yo ya hice el reporte en locatel: folio 289764 … Quien pueda hacer vía CESAC mucho se agradecería. Yo envié twitter para la delegada, y estaré insistiéndole. No lo hago vía CESAC ya que no soy vecino de la delegación Tlalpan. La tramitología me queda muy retirada de mi área de trabajo.

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