Mercado “La Paz”

Su construcción se realizó entre el año de 1898 y 1900, siendo inaugurado por el general Porfirio Díaz, desde 1880 en este lugar se instalaba un mercado de manera provisional. En aquel entonces el orden de los puestos estaba reglamentado, permitiendo en el norte y el oriente que se ubicaran productos como pasteles, dulces, legumbres, frutas y mercería. En el sur se colocaban ropa, comida y mercancías no especificadas. Fuera del mercado se permitía colocar a vendedores de leña y carbón.

Las instalaciones irregulares del mercado y la necesidad de ordenar el comercio, debido a que era una fuente de buenas ganancias para la administración local, hizo que las autoridades ordenaran a finales del siglo XIX  la construcción de un edificio nuevo para el mercado, que debería realizarse con cooperación forzosa de la cabecera municipal y de los pueblos.

Con cantera gris de San Andrés Totoltepec, ladrillo y piedra volcánica de Tlalpan, madera de los pueblos del Ajusco se iniciaron los trabajos con mano de obra de los pueblos restantes y trabajo realizado por los presos  de la localidad.

El mercado, cuando estuvo recién terminado, contaba en su parte central con una fuente labrada en piedra y adornada con cabezas de leones. Cincuenta años después, por la falta de mantenimiento, sobre esta fuente se desplomaron algunas vigas de madera. El entonces regente de la ciudad, Ernesto Uruchurtu,  ordenó que el mercado se cerrara para que en él se realizaran trabajos de remodelación. Esta obra duró dos años durante los cuales los locatarios se ubicaron en la calle. Se reemplazaron todas las vigas de madera y se colocaron viguetas de acero para sostener la techumbre de láminas de asbesto. Lamentablemente, la fuente fue destruida y en su lugar se colocaron puestos adicionales.

Nuevamente las instalaciones requirieron de trabajos de mantenimiento en 1998, cuando se reforzaron los techos y se realizó limpieza del ladrillo externo de este inmueble.

Este mercado, con sus ladrillos característico es único en su tipo. Cuenta con 161 locales y tres grandes portones de entrada en cada una de las calles con las que limita. En su interior se pueden encontrar una gran cantidad de productos, incluidas mercancías de manufactura industrial como telas, ropa y zapatos, además de alimentos y artesanías. Es un lugar de referencia en el barrio, que a pesar de los problemas que enfrentan los mercados tradicionales, continúa luchando por sobrevivir y mantener su intensa vida colectiva y cultural.

(Foto 1975, INAH)

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