A la memoria de José Emilio Pacheco, gran poeta y biólogo de corazón

José Sarukhán | El Universal

Ciudad de México, 31 de enero de 2014
En mi entrega anterior mencioné la gran carencia que existe en general en las grandes ciudades, de contacto de la gente urbana con la naturaleza, en especial donde no se ha tenido cuidado de mantener zonas boscosas y grandes áreas verdes para recreación de la población y para que mantenga un contacto, así sea superficial, con zonas arboladas, vida silvestre, etc., lo cual tiene, probadamente, efectos positivos sobre la salud física y mental de la gente. 

Pero veamos el estado de las áreas verdes en nuestra capital. No hay un estándar sobre la extensión ideal de áreas verdes por persona en una ciudad. La OMS sugiere 9 metros cuadrados por persona, pero todo depende del tipo de área verde, lo arbolada y conservada que esté, etc. 

 

La Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial (PAOT) del Gobierno del DF publicó una evaluación de las áreas verdes de la ciudad en 2010; es un estudio serio y confiable, basado en imágenes satelitales y fotos aéreas, además de validaciones en el terreno. El concepto de área verde utilizado en el estudio es laxo: igual se contabilizaron parques y jardines que el césped de camellones, jardines privados, barrancas, etc.

 

Es claro que la accesibilidad y el valor recreativo de esta gama de “áreas verdes” es en extremo variable. Aun así, el promedio de área verde por persona en el DF para ese año fue de 10 metros cuadrados por persona, con una enorme variabilidad entre delegaciones, y desde luego esas cifras son una sobrevaluación dado el concepto amplio de área verde. Solamente 7 delegaciones poseen más de 20 metros cuadrados de “área verde” por persona (Álvaro Obregón, Coyoacán, Cuajimalpa, Miguel Hidalgo, Tlalpan y Xochimilco) cuya población es 32 % del total del DF. Las delegaciones que poseen entre 6 y 8 metros cuadrados (Benito Juárez, Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero, Iztacalco, Iztapalapa y Tlahuac) representan casi 55% de la población. Me pregunto dónde están las prioridades de los delegados de estas zonas, dado que la mayor parte de otros servicios son de una muy deficiente calidad (agua potable, iluminación, pavimentos…)

 

A todas luces, la población en general, pero en especial los niños, viven y se desarrollan cotidianamente en una matriz de asfalto, concreto y tierra. Nada de naturaleza, excepto si van al zoológico el domingo.

 

La mayor parte de las áreas verdes, que deberían ser jardinadas, están en condiciones ruinosas, con excepciones notables como el camellón de Reforma, algunas glorietas en cruceros importantes y uno que otro parque. La ciudad es un museo de patología forestal con árboles maltrechos y sin forma; ciertamente ha habido esfuerzos recientes de realizar podas profesionales en algunas zonas de la ciudad, pero por mucho el resto es una colección “quasimodesca” de árboles torcidos y enanos.

 

No voy a recurrir a las comparaciones con otras ciudades del mundo; es un recurso inútil. Que no tengamos los jardines más atractivos en un país con la riqueza florística del nuestro y en una ciudad que en general tiene un clima benigno para una gran variedad de plantas nativas de México es absurdo. Tampoco esta situación se entiende en un país donde el conocimiento y el amor a las plantas está tan profundamente acendrado en la gente que tiene contacto con el campo. 

 

¿No sería más productivo —y ciertamente más estético y gozoso— tener numerosas cuadrillas entrenadas de jardineros, dirigidas por profesionales y no por burócratas chambistas, arreglando cuanto espacio verde exista en la ciudad, en lugar de estar pintando rayas amarillas y de otros colores en pavimentos y banquetas que de nada sirven? Sería una forma de empleo digno y estimulante para los miles de migrantes que llegan del campo a la ciudad en busca de una forma de vida.

 

La cultura de una sociedad se refleja en buena medida por los jardines y las expresiones de naturaleza de sus ciudades. La gente se cansa de vivir entre tanto cemento, asfalto y polvo. Se hastía de no tener momentos del placer gratuito que produce admirar un buen jardín, unos bellos árboles y lindas flores. No tengo la menor duda que la gente respetará y cuidará de estos jardines que tengan la atención permanente y que sean atractivos.

 

Coordinador nacional de la Conabio, investigador emérito de la UNAM


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