Milenio Diario / Kika Villagra. P 84

Tlalpan

Tlalpan se recorre mejor a pie. Los adoquines propicios para caballos y carretas han cedido el paso a caminos asfaltados, pero muchos de éstos no dejan su esencia de callejón y la presencia de tantos autos se siente forzada, incómoda. Caminarlo es sencillo pues, ubicado entre Avenida Insurgentes Sur, Calzada de Tlalpan y la calle de San Fernando, el Centro de Tlalpan comprende apenas unas siete cuadras de sur a norte y otras tantas de este a oeste.

El colorido zócalo sigue teniendo esa cosa pueblerina que estalla los fines de semana, con las ferias y francachelas organizadas por la delegación y los niños que corren tras las palomas. Dentro del diminuto kiosco que data de 1872 pueden estar lo mismo una banda de pueblo que un grupo de estudiantes de secundaria. Su máxima expresión son las noches de Grito, claro, y los días 28 de agosto, cuando se celebra a San Agustín de las Cuevas, el santo patrono del lugar.

Y en  estos meses pocas cosas más disfrutables hay que sentarse cerca de la entrada en alguno de los restaurantes de los portales durante una tarde lluviosa y ver caer el agua. Aquí todavía huele a tierra mojada, a historia, a inocencia.

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