En un proceso de armado de piezas prefabricadas de hasta 340 toneladas, avanza la construcción del segundo piso entre Periférico Sur y la caseta Tlalpan de la autopista México-Cuernavaca, el cual permitirá evadir 7 kilómetros de congestionamiento.

Después de las 21:00 horas, en cuanto inicia el corte total a la circulación en ambos sentidos de la autopista, divididos en dos equipos, ingenieros de Carso se preparan para ensamblar una columna y una trabe ballena, las cuales son elevadas y ensambladas por cuatro grúas.

“Es como armar un rompecabezas, pero con un plan de ingeniería súper exacto, con 164 columnas que se insertan sobre pilotes anclados al subsuelo para después poner encima una sucesión de 164 trabes”, comentó uno de los ingenieros de Carso, Óscar Lara.

Con un límite de tiempo impuesto por la obligación de reabrir la autopista a las 6:00 horas, cada noche ingresa una zapata y una trabe ballena trasladadas por una comitiva vehicular desde Tecamac, en donde las piezas son prefabricadas por Grupo Constructor ITISA.

La primera tarea consiste en nivelar las grúas de Eseasa Construcciones, con topógrafos y equipo computarizado, para asentarla en una línea horizontal y con los contrapesos requeridos.

El objetivo es evitar que, al levantar las ballenas y zapatas, el peso de las piezas las venza y se derrumben, explicó el supervisor de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, José Manuel Limón.

La madrugada del viernes, REFORMA observó la instalación de la trabe tipo ATC número 50, con 29 metros de largo, 6.7 metros de ancho, 350 toneladas, diseñada con especificaciones para la altitud y el peralte que le corresponderán dentro del segundo piso.

Almacenada durante un día en un costado de la autopista, a la vista de los automovilistas, en el momento en que comienza el cierre vehicular, una plataforma con 96 neumáticos desplazó la trabe frente al Colegio Militar, al sitio en donde fue embonada en medio de dos gemelas ya integradas en el viaducto.

Dos cuadrillas de maniobristas, montados en canastillas, sujetaron ganchos de izaje amarrados por grilletes en un sistema de estrobos y cables de acero para que cada una de las dos grúas tomara a la trabe, por los dos extremos.

Una vez depositada la ballena sobre los cables de acero, las grúas la elevaron y, en una operación coordinada por radiocomunicación, 50 ingenieros y trabajadores especializados en el montaje, consiguieron el encaje preciso.

Integrada la estructura de 7 kilómetros, encima de las trabes serán adheridas mil 864 tabletas, que conformarán la superficie de rodamiento, sobre la cual los autos descenderán por una rampa, 500 metros después de la caseta Tlalpan, para seguir sobre la autopista, rumbo a Cuernavaca.

Actualmente, 43 mil autos circulan en un día sobre la México-Cuernavaca. La obra costará 3 mil 190 mdp.

 

‘Comencé con una grúa de palancas’

Desde una pequeña cabina Rubén Álvarez es capaz de mover toneladas de concreto.

Es uno de los cuatro operadores de grúas con las que cada madrugada se coloca una columna y una trabe, las cuales se ensamblan para dar forma al segundo piso de Viaducto Tlalpan.

Abordo de su cabina, Rubén transforma la máquina en un gigante capaz de erguirse 180 metros y cargar mil 200 toneladas.

“Comencé con una grúa que operaba con palancas. Con cursos de la empresa que alquila los equipos a la obra, aprendí a manejar esta unidad alemana”, narra.

Álvarez viaja dos horas diarias desde Coyotepec, Estado de México, hasta Viaducto Tlalpan, para llegar a la zona de obras nocturnas.

Su labor inicia poco antes de la medianoche, cuando desplaza la grúa hacia el sitio donde realizará la maniobra.

Desde la cabina, despliega las cuatro patas de la máquina, luego las calza sobre planchas de acero y de cada una sale un gato hidráulico que, con base en instrucciones de una brigada de topógrafos, sube y baja hasta conseguir que haya sido nivelada.

Luego, una plataforma acerca la columna; Álvarez mueve los brazos de la grúa para enganchar la pieza y elevarla 22 metros para insertarla sobre la pila de cimentación.

 

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